jueves, noviembre 17, 2005

Historias de la Guerra Fría (I): Kulturkampf

Cubism destroys through deliberate disorder.
Futurism destroys through the myth of the machine.
Dadaism destroys through ridicule.
Expressionism destroys by imitating the primitive and insane.
Abstraction destroys by creating mental confusion.
Surrealism destroys by negating reason.
George Dondero, Congresista por Michigan, 1947.


A veces se ve claro. Los signos se alinean y me resulta evidente cual es la próxima puerta del Gabinete que debo abrir. Este es ahora el caso.

Tres signos, Pedro, tres signos sin relación alguna. En primer lugar, los camaradas del movimiento de resistencia Pro Conquista y Advenimiento de Zito (PROCAZ), quienes me mantienen al corriente de los lugares donde se requiere mi acción y guía espiritual, me informan de que en la Fundación Caja Madrid, se celebra hasta principios de año una exposición sobre el Realismo de entreguerras. Por otro lado, si recuerdan, en mi último post anhelo por la creación de belleza sin hilos comerciales. Finalmente, el Maestro Absence presenta ayer un curiosísimo comic propagandístico financiado y distribuido por la CIA durante la invasión de Granada. ¿Qué pueden tener todos estos elementos en común?

En 1949, Jason Pollock, padre del Action Painting, miembro fundador del Expresionismo Abstracto, aparece en la revista Life. Las instantáneas tomadas por Arnold Newman, que le muestran en pleno proceso creativo, se convierten en estampas clásicas, y el reportaje en su pasaporte al olimpo de los héroes norteamericanos del siglo. Pero, ¿fue Pollock un agente al servicio más o menos involuntario de la CIA?

Y parecía tonto cuando lo compramos.

Esta hipótesis podría sonar a conspiración encontrada en la cubeta de saldos o directamente en el News of the World, pero hay suficientes indicios extraños como para hacernos levantar, al menos, una ceja. La desaparición, casi silenciosa, del panorama cultural de la corriente realista que glosa la mencionada exposición coincidió en el tiempo con la ascensión del nuevo enemigo de Occidente, el comunismo soviético, y con el auge del Expresionismo Abstracto de los Pollock, Rothko, Kline, Motherwell y compañía. Una pura casualidad, puede ser. Pero recuerden amiguitos, que a Stalin no le gustaban los lienzos con manchurrones: Si ponías un ojo o una oreja fuera de su sitio, ya podías casi escuchar el ulular del gélido viento Siberiano.

Rothko, peligrosísimo agente secreto.

La Guerra Fría se libró en multitud de frentes y el arte fue uno de ellos: Las pelis de Bond, los comics, los ultracuerpos invasores o La Cosa; "vigilad los cielos", ya saben. Pero es que existen datos que parecen demostrar que el gobierno norteamericano, de manera relativamente encubierta, haciéndola parecer fruto del trabajo de individuos o instituciones especificas, utilizó la pintura como forma de propaganda en la lucha por una supremacía que no se ceñía únicamente a lo militar, sino también a lo cultural.

La CIA, a través de fundaciones títere, como el oscuro Congreso para la Libertad Cultural (CCF), basado en Berlín y presidido durante un tiempo por Nicolas Nabokov, alias "El hermanísimo", subvencionó y proporcionó apoyo logístico a cualquier actividad artística que pudiera contribuir a la lucha contra el comunismo, en una especie de paralelo cultural a lo que fue el Plan Marshall en el ámbito ecónomico y el McDonalds en el gastronómico. Uno de estos planes maestros pudo haber sido el Expresionismo Abstracto. El valor propagandístico de esta corriente artística era evidente: Brochazos aquí y allá, barras horizontales monocolores, pintura lanzada contra el lienzo. Qué mejor antítesis del arte atrofiado, realista y pretendidamente pedagógico que propugnaban los Soviets. Lo abstracto, en cambio, era gozosamente autónomo, subjetivo, experimental, libre del grillete de la representación, tan solo sujeto a la voluntad de un artista que, como Pollock, se expresaba dejándose llevar hasta la aniquilación personal en cada obra. Un bastión de la libertad individual.

Pero no sólo la CIA. El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) también jugó un papel fundamental. Las conexiones estaban trazadas de antemano: Nelson Rockefeller, de profesión magnate, director de la Oficina de Asuntos Inter-Americanos, se convirtió en presidente del museo en 1944 mientras que Tom Braden, su director desde 1947 a 1949, fue más tarde miembro de la CIA (otros empleados destacados del museo ya habían trabajado para la OSS, la precursora de La Compañía). No se necesitaban vínculos explícitos; en realidad, los líderes de las principales instituciones norteamericanas pertenecían a la misma clase dirigente. Y eran todos anticomunistas. El consenso, el plan de acción, existía sin necesidad de tenebrosas reuniones llenas de gente fumando, Gargantas Profundas (sic) o asesinos reprogramados.

Muchos consideran que todas estas afirmaciones son, como mínimo, absurdas. Argumentan, por ejemplo, que algunos de los pintores sospechosos eran ciertamente simpatizantes filocomunistas (Pollock trabajó con Siqueiros) y que todos desarrollaron su estilo abstracto antes de 1945. Pero nada de esto es especialmente relevante; nada de esto impide que la CIA, Rockefeller, Monchito o quien fuera viera en esta corriente artística una oportunidad para difundir un mensaje que debía llegar alto y claro para las élites europeas: Estados Unidos y el capitalismo en general eran superiores también culturalmente al comunismo. La prueba era que el sistema admitía la disensión y la crítica abierta a la sociedad burguesa misma.

Esto es un Siqueiros.

Pero la Democracia se estaba esforzando en propagar un arte “degenerado”, que sólo interesaba a la inteligentsia y que sus ciudadanos en cambio despreciaban en favor del arte preferido por los totalitarismos de todo signo, el Realismo. En 1946, el Departamento de Estado organizó una exposición itinerante llamada “Advancing American Art” que no solo recogía obras abstractas, sino también otras realistas y expresionistas. Este primer intento de demostrar que existía una cultura en los Estados Unidos fuera de Hollywood fue atacado brutalmente, tanto por los políticos (como por ejemplo el autor de la cita que abre el post), como por la prensa. El país no entendía que se financiaran semejantes exposiciones con dinero público; Hopper y Rockwell estaban en activo. Entonces, ¿quiénes eran esos pelagatos que ni siquiera sabían pintar? Se demandó una investigación sobre las tendencias políticas de los artistas involucrados; dieciocho de los cuarenta y siete que participaban acabaron apareciendo de alguna u otra manera en las investigaciones del temible Comité de Actividades Anti-Americanas. Debido el escándalo, el gobierno hubo de deshacerse como pudo de las obras. Un O’Keeffe acabó siendo vendido por cincuenta dólares.

Pobrecita O’Keeffe. Tampoco está tan mal, ¿no?

Y pese a ello, mientras sus autores eran escrutados como sospechosos criptocomunistas, fue el Expresionismo Abstracto quien se convirtió en el símbolo de la América libre y moderna, en la corriente pictórica predominante. Fueron sus obras las que vestían las paredes del pabellón norteamericano en las bienales de Venecia de principios de los 50. Fue Pollock quien apareció en Life. El Abstracto finalmente pudo avanzar y establecerse gracias a su valor durante la Guerra Fría como propaganda de la supremacía de la civilización capitalista. Una civilización que por otra parte lo aborrecía mayoritariamente y que, mientras lo presentaba como el arte sin ideología, por subjetivo e individual, lo utilizaba, ironías de la Historia, como encubierto instrumento político.

16 Comments:

At noviembre 17, 2005 3:40 p. m., Anonymous Tecnonihilista said...

Pobres títeres del capitalismo... Aunque en mi opinión, si un gobierno te produce una exposición, te premia un libro, o te deja un teatro, te está utilizando siempre, en todo momento, lo quieras o no.

 
At noviembre 17, 2005 4:58 p. m., Blogger Hijo Tonto said...

(poner ovaciòn aquì)

 
At noviembre 17, 2005 6:09 p. m., Blogger Fürher Ballena said...

cof cof no se que decir esto deberian leerlo muchos art critics de mierda

 
At noviembre 17, 2005 6:15 p. m., Blogger Dr Zito said...

Muchas gracias, Hijo Tonto y Mein Fuhrer.

Tecnousted: Entonces que nos queda? Dejarselo al Mercado?

 
At noviembre 17, 2005 7:19 p. m., Anonymous Amanda said...

Gracias por este post, Doctor. Y cómo es habitual en usted, por enseñar deleitando.

 
At noviembre 17, 2005 10:34 p. m., Anonymous Tecnonihilista said...

A ver, Dr Algo, que alguien me dé una sola razón por la que el Estado ha de poner fondos públicos para financiar artistas plásticos, o de teatro, o de cine... La cobertura de la subvención siempre será limitada, la selección de lo subvencionado siempre estará en manos de burócratas sin gusto... El artista tiene que saber ganarse el pan, y eso quiere decir el público.
En todo caso, el pobre Rothko creía que eso hacía. Y ya ve.

 
At noviembre 18, 2005 9:05 a. m., Blogger Lt. Col. Kilgore said...

Yo estoy con tecnonihilista, las subvenciones no dejan de ser intentos de manipular a los artistas, ya que nunca podrían supuestamente crear una obra que vaya contra la mano que le da de comer en ese momento.

Que se ha hecho del mecenazgo??

En fin, seguiré estudiando para llegar a ser magnate profesional...

saludos

 
At noviembre 18, 2005 12:29 p. m., Blogger Dr Zito said...

De verdad, me alegra mucho que no todo sea plas,plas. Pero yo solito contra el Tecnohilismo y el Ejercito... ;) Que no, que en serio, se lo agradezco a ambos.

Bien. Estoy de acuerdo con ustedes en que el artista que crea poder morder la mano estatal que le da de comer esta muy pero que muy equivocadito. Pero si las alternativa es que el mercado, con su mas sutil logica de rentabilidad y viabilidad, me diga que debo o no hacer, que haya de buscarme el pan, el favor de un publico no menos ignorante que el burocrata que describe Tecnonhilista, entonces, tengo claro con que me quedo.

Y magnate? Piense Kilgore lo que Rockefeller hizo con el mural de Ribera...

 
At noviembre 18, 2005 1:40 p. m., Blogger Hijo Tonto said...

El estado pone igual un museo de arte moderno que un curso de macramé para jubiladas... Entonces ¿Cual es el tema? ¿Existe, a estas alturas, algo o alguien que no sea un títere del capitalismo? ¿Qué "integridad artistica" estan tratando de defender?


Hay gente capaz de ir contra la mano que da de comer, la gente que sabe.

 
At noviembre 18, 2005 2:27 p. m., Blogger Mosky said...

Vamos vamos chicos, un poquito de por favor. El arte libre es el arte pobre, el problema es que muy pocos artistas están dispuestos a pasar hambre pero, ¿quién puede juzgarles?

 
At noviembre 18, 2005 3:27 p. m., Anonymous Tecnonihilista said...

Estamos en todo nuestro derecho a juzgarles... El "artista" no es intocable. Ni el pobre ni el rico. En todo caso, yo no sé cuál es la manera de sustraerse, mercado y sociedad del espectáculo pueden con todo.
En fin, lo que he querido decir desde el principio es que las reglas del juego son esas: y que artistas y consumidores deben conocerlas.

 
At noviembre 18, 2005 4:10 p. m., Blogger Hijo Tonto said...

Nadie dice que no se puede juzgar al artista, ahora, cuando se hace con esos conceptos setentosos ya la cosa se pone seria... Terrible a mi parecer.

Hay artistas que estan más preocupados por hacer bien su trabajo, lo que implica vivir para trabajar, que de quien o porque financia y distribuye sus trabajos. No veo que tiene eso de malo.

 
At noviembre 18, 2005 6:22 p. m., Blogger Dr Zito said...

Entonces en que quedamos? Por un lado dicen ustedes que es imposible no ser titere. Pero por otro parece que la unica manera de sustraerse es hacer un arte pobre, como dice Mosky, o el hagalo usted mismo o "lo que digan los demas me lo paso por el forro".
Y si los artistas no se pueden sustraer de influencias mercantiles o estatales, pues tampoco los podremos juzgar si tan arrolladoras son, no?

 
At noviembre 20, 2005 7:20 p. m., Anonymous Tecnonihilista said...

No sé, en realidad, si estamos de acuerdo o disentimos, hijotonto. Se me escapa cuáles son esos conceptos setenteros con los que, parece ser, pretendo juzgar al artista.
Evidentemente, cualquiera que se llame artista tiene que conocer su responsabilidad social (como lo hace un médico o un abogado), y también saber quién financia y promueve su trabajo. No puede mirar para otro lado. Que le contrate un gobierno o una entidad financiera no le hace menos íntegro, estamos hablando de que el mismo artista y el público tienen que tener muy claritas esas circunstancias.
En el artículo del Doctor, que ha quedado un poco obnubilado, se demuestra: CIA y demases financiaban secretamente a ciertos creadores, que podían difundir una ideología. Que los pobres no eran conscientes de ser manipulados no les hace menos responsables. Aparte, cincuenta años después, creo que podemos exigirles (a los artistas de ahora) un poquito menos de ingenuidad.
Y, en fin, por otro lado, hay muchas vías alternativas para mostrar el trabajo sin ser carne de exposición colectiva. El que quiere puede.

 
At noviembre 20, 2005 11:05 p. m., Blogger Hijo Tonto said...

¿Porquè deberian, los artistas (o cualquiera), tener responsabilidad social*?¿De que riquisitos hablamos?

Lo otro, pues, lo del manejo y lo del fundamento a la conspiranoia me parece que sì que està bien. Pero yo, en ningùn caso, culparia al artista que solo quiere hacer su trabajo. No exijo responsabilidades, ni criticas... Ni a Furtwangler, mire usted.

*concepto usado durante los setenta por los artistas de izquierda para vapulear a los no militantes. º

 
At diciembre 16, 2009 6:53 p. m., Blogger ayarra said...

he terminado mi trabajo, si te interesa la pintura, puedes echarle un vistazo en ayarrapapeles2.blogspot.com

 

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