martes, mayo 24, 2005

Atando cabos (y II): Lobos solitarios, de Callahan a Plissken

Hace casi ya un mes hablábamos en este Gabinete sobre cine japonés de los 60 y 70 y en particular sobre la figura de la venganza femenina encarnada a la perfeción por la desarmante Meiko Kaji tanto en la serie Female Prisoner como en Lady Snowblood (estén atentos a El Blog Ausente porque el maestro Absence las está revisionando a su pausado ritmo).

Aquel post prometía una continuación en el ejercicio de buscar paralelismos y concomitancias disparatadas entre films. Después de tal vez demasiado tiempo, aquí la tienen. Y es que mientras yo buscaba un intervalo de tiempo libre lo suficientemente prolongado para poder cocinar este contraataque, La Petit Claudine ofrecía un sabroso link a un excelente compendio de películas de acción de los 80.

Porque el opuesto cinematográfico de la mujer vengadora es el Lobo Solitario, tan redomadamente individualista e unívoco en sus motivaciones como aquella, pero sustancialmente diferente en su actuar por obvios motivos. La testosterona se masca, la crueldad se exaspera y, sobre todo, la política hace acto de presencia. Precisamente es en este último aspecto en el que quiero profundizar. ¿Qué separa a Callahan de Plissken?

Aunque la antes mencionada revisión del cine de Lobos solitarios se ciña exclusivamente a los 80, podemos osar a decir que la edad moderna del cine testicular de acción comenzó en 1971 con Don Siegel, Clint Eastwood y su “Harry el Sucio,” aunque el cine negro de los 40 y “A quemarropa” (1967) de John Boorman constituyan claros antecesores.

Y es que algo estaba decididamente cambiando en el cine, como atestigua la coetánea "French Connection" (1971): Un cambio que reflejaba una sociedad tambaleante y con una ambigüedad moral creciente. Mientras que la peli de Friedkin tenía un tono más marcadamente realista, y a pesar del buen pulso del maestro Siegel, “Harry el Sucio” es una película marcadamente derechista. No es casualidad que Scorpio, el francotirador antagonista de Harry sea un hippy descerebrado que en un momento de la historia queda en libertad porque el rifle incriminador es encontrado durante un registro ilegal. Recordemos que aquellos eran tiempos muy tumultuosos en los Estados Unidos en los que pese al triunfo del movimiento por las Libertades Civiles (o tal vez por ello según otros) los nervios sociales y raciales se encontraban a flor de piel.

Alégrame el día, torero, alégrame el día

Siegel consigue mantener este polvorín ideologico en el trasfondo porque a él le interesa más bien mostrar que los personajes son fruto de una sociedad desquiciada y desencajada. Gracias a ello, recordamos sobre todo la famosa Mágnum 44, la parrafada de Harry sobre ella y sus cortantes frases. Sin embargo lo mismo no se puede decir de quien recogió el testigo: el marmóreo Charles Bronson, “Yo soy la Justicia” (1974) y secuelas, películas que se sumergían ya directamente en el infecto lodazal del subproducto ideológico, millones de veces mas dañinas que el cine Z sin pretensiones (por cierto, ¿por qué el cine izquierdista da a luz a Ken Loach y el derechista a Golan y Globus?). Al pobre Charles unos punks le violan y matan a su mujer e hija (lo que se muestra bastante gráficamente) y esto le sirve de pretexto para agarrar el pistolón y arramplar con todo vago o maleante que se le ponga por medio.


Que postura mas dificil para disparar, por Dios

Y podríamos continuar. Porque en los 80, Reagan engendra una nueva ola de cine reaccionario en la que solitarios desenfrenados se enfrentan contra terroristas, policías o ejércitos enteros, armados solo con piedras en ocasiones, para acabar siempre triunfando. Rambo, Chuck Norris o Seagal solo se diferenciaban de sus colegas setenteros en que esta vez eran ellos los que estaban en el poder. El siguiente paso lógico consistía en poner orden no en su país sino en el mundo entero.


"Invasion USA", dirigida por Joseph Zito.
Les juro que no fui yo.

Ahora viajemos a las supuestas antípodas de estos héroes de la Reacción más dura. Aparte de MacTiernan y de su burla al estereotipo de Rambo en “Predator”, en este país el monarca es John Carpenter, el más clamoroso panegirista del Anarquismo que el Cine ha parido. Porque a los excesos de Reagan y la década conservadora Carpenter opone a Plissken, que lucha contra un estado policial que ha convertido ciudades en prisiones de alta seguridad o que ha impuesto la dictadura del la corrección política. O a Roddy Piper, alias “El gaitero loco”, salvando al mundo de los extraterrestres que mueven los hilos. E incluso al criminal “Desolation” Williams en “Fantasmas de Marte.”


Kropotkin reencarnado en Carpenter pone a prueba
sus propias teorias sobre el crimen

Y es que Carpenter es un anarquista avant la lettre. Convencido de la teoría de Kropotkin de que un delincuente solo evidencia las taras de la sociedad que lo acoge, eleva al Lobo solitario al status de único y verdadero (e involuntario) revolucionario. No hay orden social posible, no al menos como lo entendemos nosotros. Ni el comunismo se salva, al que parodia como ingenuo en “1997: Escape en Nueva York” o como mismos perro con distinto collar en su secuela.

Incinérame el cilindrín

¿Y por qué este post se titula “Atando cabos”? ¿Qué tienen que ver todas estas películas entre si? ¿A dónde quiere llegar Dr Zito? Aparte de las muchas similitudes formales y argumentales, quisiera convencerles de que en todo este cine subyace una corriente filosófica que ha pervadido el siglo XX. Me refiero al pensamiento distópico. Esto les parecerá obvio en el caso de Plissken o de Ben Richards en “Perseguido”, porque no en vano aquellas películas están ambientadas en oscuros y totalitarios futuros cercanos. Lo curioso es que para los Lobos Solitarios derechones, el presente representa una terrible distopía. Para Callahan, San Francisco esta lleno de punks, superiores inoperantes y leyes incomprensibles. Para Bronson, Estados Unidos es un país en caos, donde los criminales tienen más derechos que la gente honrada, donde nadie puede estar seguro, y donde lo que debería ser blanco es negro y viceversa. Para John Rambo, el mundo es un lugar loco, loco, loco en el que generales estúpidos, capaces de abandonar a valientes soldados, fueron responsables de que su propio ejército perdiera la guerra de Vietnam.


No, no es Yushenko

Si bien es paradójico que el izquierdismo cinematográfico parezca temer al futuro cuando debería tener fe en el progreso, mientras que los conservadores abominen del presente y deseen superarlo, los Lobos solitarios de ambos bandos comparten una misma idea: Que el individuo es el único sujeto capaz de sobreponerse a la opresión, venga de donde venga; ya sea esta orwelliana o resultante de eso tan bonito que es el libertinaje. Y en esto, el cine, que es cultura, por muy popular que sea, se ha limitado a contar a su manera, espectacular, atropellada y cruda, lo que magnas obras como “Un mundo feliz,” “1984” o “Campo de concentración” ya adelantaron en su día.

Y es que cuando el ideal romántico-burgués del individuo colisionó con la Segunda Ley de la Termodinámica y la idea del no-progreso, saltaron chipas. Y nosotros, pobrecitos, aun estamos aplicándonos Linitul (pomada).

8 Comments:

At mayo 24, 2005 4:59 p. m., Blogger Hijo Tonto said...

Maravilla de post, cada día más adictivo lo suyo.

 
At mayo 24, 2005 5:55 p. m., Anonymous MIniZita said...

Cierto, realmente maravilloso.
Gracias.

Pd: No solamente el "Dirigido Por..." nos iba a mostrar las posibilidades del camino. :D

 
At mayo 24, 2005 7:31 p. m., Anonymous j said...

Buen artículo Dr. Zito. Totalmente de acuerdo en su visión del cine de John Carpenter extendiendo su comentario hacia otro de sus personajes más paradigmáticos: Jack Crow (el cazavampiros de... Vampiros).

Y una ironía: ese mismo perfil, autosuficiente, rudo, bruto, lo parodiaría el propio Carpenter en Golpe en la Pequeña China con el personaje de Jack Burton (otra vez, Kurt Russell).

 
At mayo 25, 2005 10:23 a. m., Blogger Dr Zito said...

Gracias, J.P. Cierto que Jack Crow tambien entra en ese perfil. Cree luchar del lado de los buenos pero resulta que...

Por cierto, escribio usted la anunciada continuacion a su articulo sobre Carpenter en Terror Universal?

 
At mayo 25, 2005 1:58 p. m., Blogger Mosky said...

Bueno, bueno, empezaré diciéndole que mi cultura cinematográfica me capacita para hacer juicios del nivel "me gusta, no me gusta". No así mi cultura literaria. Dicho esto, al lío.
No estoy de acuerdo con una de sus últimas afirmaciones: el individuo no vence jamás a la sociedad, salvo en la ficción. En el día a día, se refugia en ese sentimiento romántico-burgués que, paradójicamente, siempre dice despreciar. Es un hecho. Si dejamos de ser protagonistas para observar el mundo que viven los demás, podremos comprobar que, de hecho, así ocurre.
Ya no hay valientes que se enfrenten con armas de verdad al mundo, y obviamente no considero que escribir un librito (¡ay! ¡qué doloroso es decir esto!) o filmar una peliculita se considere luchar contra nada.
Asumámoslo: vivimos en un mundo de cobardes, que se condenan a sí mismos, día tras día, con una sonrisa de complacencia ilusoria.

 
At mayo 25, 2005 3:59 p. m., Blogger Dr Zito said...

En realidad, si se da cuenta, yo no he afirmado que el individuo venza a la sociedad sino que, mas bien, esa es la opinion tanto del cine revisado en el post como en mucha de la literatura distopica.

La respuesta es logica, como usted menciona. Esas obras son de hecho fruto de esfuerzos individuales.

Con respecto al resto de lo que dice, mi contestacion es clara: Ni si, ni no sino todo lo contrario.

 
At mayo 25, 2005 5:21 p. m., Blogger Mosky said...

Visto así, sí. Quiero decir, que lo que ha dicho del esfuerzo individual tiene sentido: idear un proyecto, venderlo, sacarlo pa'lante...
Aún así, se me olvidó decirle antes que me encantó su reflexión ;>

 
At mayo 28, 2005 12:56 p. m., Anonymous J. P. Bango said...

A punto estoy de terminarlo, sí: a ver si en Julio puede ya editarse...

 

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